Apuntarse a lo oriental


Creo que muchas veces  habrá un momento en que comience a pensar que la fatiga no está en el cuerpo, sino en la mente. La meditación, quienes la practican dicen que puede ahuyentar esos fantasmas que debilitan el organismo. Con ella, además se podría desterrar todos los pensamientos negativos que conducen al estrés. Es una técnica básica de relajación oriental, por sí misma permite mejorar los estados anímicos y devolver la tranquilidad en períodos de grandes tensiones. Probar aplicarla en la vida cotidiana relajaría para recuperar la armonía.

Calmar la mente

Relajar la mente es el objetivo fundamental que persigue la meditación. Y, desde luego no es una tarea fácil, ya que incluso mientras dormimos estamos sometidos a un incesante parloteo mental que incrementa más nuestro estrés.

Según el objetivo que se persiga, se puede deducir de tres tipos de meditación:

  • La contemplativa: dar fuerza a la mente; se basa en la concentración en la respiración, en una luz o en un objeto y tratar de mantener la atención.
  • La analítica: sirve para modificar un estado emocional mediante la reflexión y la intuición. Se consigue observando una emoción que nos perturba y generando un estado mental que la contrarreste.
  • La creativa: persigue eliminar conceptos limitados de nosotros mismos mediante imágenes, colores, sonidos....
Según técnica empleada, se distinguen tres tipos de meditación oriental:

  • La Budista: que emplea fundamentalmente la respiración consciente como meditación.
  • La Zen: busca el vacío, el desprendimiento de las emociones que perturban para dar paso a la paz interior.
  • La Yóguica: ordenar los pensamientos para disfrutar de la dicha interna.
Cómo practicarla?

  • Buscar un ambiente tranquilo, en el que nadie moleste.
  • Vestirse con ropa cómoda.
  • Adoptar una postura cómoda
  • Escoger un objeto en que centrar la atención: una luz, una flor, un punto en la pared... también se puede buscar un punto de atención interno: la respiración, una oración...
  • Si la mente salta de un pensamiento a otro o se distrae fácilmente, se debe devolver al objeto de concentración, pero sin forzar.
  • La duración recomendable es de 15-20 minutos al día. Es muy importante la constancia; es más efectivo meditar un poco todos los días que hacerlo durante una hora una vez a la semana.


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